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Elizabet Sanchez Boado
Santa Fe - Argentina
Me fascinan las palabras, el dibujo, la pintura y la fotografía.

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Últimos comentarios de este Blog

12/02/12 | 16:13: Mari Carmen (Quiero volar a un sitio soñado) dice:
Sentido recuerdo a una amiga del alma. Pienso vivió a su modo, con cuanto le ofrecieron y supo rescatar. Me parece bien no haya pedido permiso para partir...el problema queda el la conciencia de quienes aquí quedan... No te abandonó, está en tu corazón. Cariños
10/06/11 | 18:49: carrizo jorge eduardo dice:
Vivio con el color azul,caminó con el verde,tubo grises y rojos,blanca su alma se mezclo con los otros colores,y llegó lo inesperado que se llama aucencia, así sus pasos parecen que se alejan, más no; aún siguen cerca. un saludo
25/05/11 | 18:38: alejandro romero (letras al azar) dice:
Eliza, hermosas palabras para alentar la creatividad y pellizcar la sensibilidad que alimenta esas letras que tan bien se llevan con la generosa predisposición que tienes para tomarte tu tiempo y leer y escribir para todos nosotros. Gracias por tu atención, amiga!
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Quiero, simplemente, compartir las palabras, enredadas y desenredadas en mi pantalla... Ya no quiero que queden ocultas y olvidadas en algún cuaderno.


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Búsqueda.



Búsqueda.

   Los seres humanos, una y otra vez acostumbramos perder el rumbo... Una y mil veces corremos   el riesgo de perder nuestra propia esencia, a fuerza de correr detrás de lo superfluo... de los horarios... de la rutina...

BÚSQUEDA.

La encontré hace toda una vida, al principio del camino, vestida de ilusión y de alegría. Reía entusiasmada, agradeciendo el buen tiempo y diciendo que el día se presentaba luminoso.

Yo no entendía nada. ¿Por qué luminoso, si la niebla no me dejaba ver ni medio metro delante de mis narices?

Pero a ella, por algún misterioso motivo, la veía. Ni siquiera supe si la veía o la presentía. No entendí nunca de qué manera supe que era Violeta.

Me rozó apenas con una mano tibia, me miró directo a los ojos y desapareció.

En ese momento comprendí que la niebla existía solamente en mis ojos. La retiré con mis manos bastante temblorosas y cuando se convirtió en una cadena húmeda que me aprisionaba el alma, supe que eran mis miedos disfrazados de partículas de agua. Esos miedos, ancestrales, incomprensibles, me limitaban en mi capacidad de disfrutar de la vida, de reír, de sentir... Nadie se daba cuenta, pero mi atadura invisible se hacía cada vez más fuerte, más consistente.

Pasó algo así como un cuarto de vida, y volví a encontrar a la extraña visitante. Entonces las dos ya éramos adolescentes y la cadena húmeda seguía anudada en mi interior.

Esa tardecita, toda cubierta de luz azulada, Violeta me tomó de la mano y sin decirnos palabra comenzamos a flotar. En pocos segundos nos posamos suavemente en el patio de mi casa de campo, donde viví hasta los quince años.

A pesar de ser pleno invierno, me ahogaba el perfume de los paraísos, de la glicina y los azahares que plantaron mis viejitos ausentes ya por siempre. Ví a mi mamá arreglando una rama rebelde de la glicina que escapaba siempre de la glorieta. Escuché que hablaba con mi papá, pero no entendía lo que decían. Él regaba sus claveles amarillos. Como una chiquilla alegre, corrí hacia ellos con los brazos abiertos, listos para el abrazo. Pero no me vieron, ni me tocaron, ni me escucharon...

Lo curioso es que el eco de esas voces quedó grabado en mi memoria, y aún me sigue acompañando; no olvido su acento tan querido, percibido por última vez en aquel instante.

De pronto, me encontré sola, abriendo la puerta de la casa donde vivo ahora. Un perfume a paraísos, a glicinas, a azahares y claveles, añorado por mí en cada primavera, inundaba cada rincón de mi hogar. Y ahí, sobre mis libros, un ramito colorido parecía estar esperándome. A pesar de la oscuridad de la casa, lo veía claramente. Milagro de amor y de cariño de mis viejos, más allá de los umbrales de la vida y del tiempo...

Me acordé de Violeta, y cada día, y cada mes, y cada año, la busqué casi con desesperación. Necesitaba de ella, de un modo inexplicable y urgente.

Después, simplemente,  la fui olvidando de puro cansancio.

Llegaron los hijos, las obligaciones, el trabajo, la gente, la vida, más, más y más... De ella, ni noticias.

Y hoy, sin quererlo y casi sin recordarla, simplemente la encontré. No me sorprendió ni me maravilló demasiado.

Violeta estaba en mi espejo, con el cepillo de dientes en la mano, igual que yo. Igual que yo, estiró los dedos hasta tocar el vidrio.

Al mirarla directo a los ojos descubrí que venía con el alma cargada de vida, de recuerdos, de penas, de esperanzas... Miré mi pecho, noté que un pequeño remolino de luz azulada desaparecía bajo mi piel y sentí un calorcito reconfortante cerca del corazón, lo más parecido a las manos de mi mamá que pude encontrar en la última parte de mi sendero. La cadena húmeda de los miedos que me apretaba el alma, se evaporó lentamente.

En ese instante supe con certeza que Violeta había estado siempre conmigo, en mí, al alcance de mis sentimientos, esperando que la reencontrara. Y lo más maravilloso: ella era y es mi esencia, construida con mi propia e intangible sustancia espiritual.

Descubrí entonces que los que llegaron después, esposo, hijos, amigos, todos mis seres queridos son mi compañía. Los amo entrañablemente, pero Violeta, solamente Violeta, puede atravesar las fronteras de mi mundo interior y regalarme  la aventura simple y cotidiana de los recuerdos y de los sueños.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
22/03/09 | 21:44: eliza dice:
¡Gracias a todos ustedes por sus amables comentarios!
elizasanchezboado@yahoo.com.ar
 
22/03/09 | 06:21: Alejandro Romero (letras al azar) dice:
Bienvenida, Elizabet, a este rincón de amigos. Espero que tus sueños se encuentren a gusto entre los nuestros. Enternecedor relato el de esta "Busqueda" que nos hace pensar en pequeños detalles de nuestras ausencias. Te agradezco el recuerdo. Saludos & Besos & Abrazos. Ale.
alejandro.romero@live.com.ar
 
22/03/09 | 06:12: Alejandro dice:
Existen los diferentes. Ahì va, sunpendido en el aire, tu primer voto. Te lo arrojo de cara al viento. Qui`´as los misterios del cielo de otoño lo transformen en la fragante violeta de tu corazòn.
bitacora52@hotmail.com
 
21/03/09 | 23:10: Mari Carmen (Quiero volar a un sitio soñado dice:
Gracias, Elizabet, por tu comentario, gracias. Deseo que Violeta, siempre anide en ti, no la dejes marchar...será remanso en los recuerdos, y luz en horas de felicidad, no la dejes marchar... Hermoso y real! Cariños, Mari Carmen
mcmenndezg@hotmail.com
 
21/03/09 | 14:41: gustavo (AMOR Y OLVIDO) dice:
Bravo Elizabet, precioso relato, bien hecha la correlatividad de lo interio con el ser conciente, a cuantos les habra pasado algo parecido y al leer tu historia como yo se han sentido identificados, te dejo un abrazo y segui escribiendo gracias por tu comentario en mi blog,,,,, Gustavo........................
gustavowehrly@hotmail.com
 
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